Conquistar la Final Four y dejar semi sentenciada la Liga de fútbol en 48 horas es un subidón de felicidad difícil de asumir.

Igual que en otras épocas teníamos que esconder la cabeza bajo el ala porque sólo se ganaban títulos en la sección de hockey, ahora, no se pierde en nada.

Sé que es repetitivo pero la fuerza de los jugadores de la cantera ha demostrado ser mucho más eficaz y rentable que el uso del talonario.

El viernes disfrutó como un niño con la semifinal de baloncesto en París, el sábado empezó a celebrar la Liga en Sevilla y ayer, fue la estrella en el paddok de la F1 y, por la tarde, de nuevo, de excursión a la capital francesa.

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